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Berenguela I de Castilla y Burgos

18/01/2026

Desde Guías Turísticos. Descubrir Burgos te proponemos conocer la relación entre Berenguela I de Castilla, la ciudad de Burgos y el Monasterio de las Huelgas. Para más información sobre visitas guiadas al Monasterio de las Huelgas pincha aquí o contacta en el teléfono +34 649 785 940 

Berenguela I de Castilla y Burgos han estado estrechamente ligados. La reina Berenguela, conocida como Berenguela la Grande, no es un personaje cualquiera en la historia castellana. Fue una mujer que vivió en el siglo XIII, manejó crisis dinásticas, unió reinos y marcó el rumbo de una dinastía real. Su vida estuvo muy viculada a la ciudad de Burgos, al Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas y a momentos clave de la monarquía medieval castellana. Tales como la regencia de su hermano Enrique, la boda y el reinado de su hijo Fernando III el Santo.

A continuación, te descubrimos la relación de Berenguela I de Castilla y Burgos.

BERENGUELA DE CASTILLA Y BURGOS

Berenguela nació alrededor de 1180. Se desconoce su lugar de nacimiento. Tradicionalmente se ha planteado que pudo ser en Segovia o en la propia ciudad de Burgos. Era la hija primogénita de Alfonso VIII, rey de Castilla, y Leonor de Plantagenet.

El linaje de Berenguela ya apuntaba potencial. Por parte materna, la normanda Leonor de Plantagenet fue una mujer extraordinariamente virtuosa. Convirtió Castilla en uno de los focos culturales más importantes de Europa. Y qué decir de la abuela, Leonor de Aquitania, reina consorte de Francia e Inglaterra y una de las mujeres más poderosas del medievo.

Hasta el nacimiento de su primer hermano varón, Sancho, en 1181, Berenguela fue reconocida como heredera del reino paterno. El destino hizo que sucediera a otro de sus hermanos, Enrique, en el trono de Castilla, tras las sucesivas muertes de todos sus hermanos varones.

A pesar de que solo fue reina de Castilla brevemente, no llegó a un mes, su influencia política fue enorme. Primero, durante la regencia de su hermano Enrique I, menor de edad cuando fue proclamado rey. Después, durante el reinado de su hijo Fernando III.

Movió los hilos de la política como pocos. Gestionó crisis sucesorias con diplomacia, manteniendo la estabilidad del reino. Y preparó el terreno para que su hijo consolidara Castilla y León como potencia entre los reinos cristianos.

Antes de todo eso, fue reina consorte de León, al casarse con el rey Alfonso IX.

MATRIMONIO Y RETORNO A CASTILLA

Berenguela fue educada desde niña para ser pieza clave en alianzas políticas dinásticas. Fue prometida e incluso casada en su infancia con un noble europeo (Conrad, hijo del emperador alemán Federico I). Ese matrimonio nunca llegó a consumarse.

En 1197 se casó con Alfonso IX de León, su primo, buscando asegurar la paz entre León y Castilla. Con Alfonso IX tuvo cinco hijos. Entre ellos a Fernando III, que, en el futuro, sería rey de Castilla y de León.

Mientras Berenguela permanecía en la corte leonesa, su abuela, Leonor de Aquitania, con cerca de 80 años de edad, viajó hasta Burgos para escoger entre sus nietas casaderas a la futura reina de Francia. La candidata ideal habría sido Berenguela pero estaba ya comprometida con Alfonso IX de León. La escogida fue Blanca de Castilla, hermana de Berenguela. Otra miembro más de la familia que ha pasado a la historia por su gran poder e influencia en el reinado de su hijo. En este caso, de Luis IX de Francia, san Luis. Entre ambas hermanas, Berenguela y Blanca, siempre se mantuvo una gran relación a pesar de la distancia.

Finalmente, el matrimonio de Berenguela y Alfonso IX fue anulado por el Papa por razones de consanguinidad. Berenguela regresó entonces, año 1204, a Castilla con sus hijos. Cuando llegaba Berenguela a Burgos, acababa de nacer, o estaba a punto de hacerlo, el último de los hijos de Alfonso VIII y Leonor, el infante Enrique. Éramos pocos y parió la abuela, dice el refranero castellano. Berenguela ocupaba entonces el tercer lugar en el orden sucesorio

Pero poco a poco, nuestra protagonista se va a convertir en una figura central en el tablero político castellano. Todo ello, además, desde Burgos y desde el Monasterio de las Huelgas.

BURGOS Y LAS HUELGAS: CONTEXTO DE PODER

Antes de entrar en detalles, hay que entender por qué Burgos y Las Huelgas son claves para su vida. La relación de Berenguela I de Castilla y Burgos no es casual. Esta ciudad era uno de los centros políticos y religiosos más importantes de Castilla. Considerada la Cabeza de Castilla o capital histórica del reino, allí se encuentra el Monasterio de Las Huelgas.

El Monasterio de las Huelgas

Ese monasterio fue fundado por los padres de Berenguela, el rey Alfonso VIII y la reina Leonor de Plantagenet, en 1187. Fue lugar de retiro espiritual y de descanso para los reyes.

Además de un monasterio, fue la cabecera de uno de los señoríos feudales más poderosos de Castilla. Señorío en el que ejercía poderes plenos la abadesa del Monasterio de las Huelgas. Aquí se enterraban reyes, reinas e infantes de Castilla. Desde muy pronto, se convirtió en escenario de eventos significativos para la Corona.

Berenguela mantuvo un vínculo especial con este lugar hasta su muerte. No solo por sus funciones de patrocinio religioso, sino porque es el lugar donde culmina su biografía personal y política.

LA REGENCIA DE ENRIQUE I DE CASTILLA

Tras su vuelta a Burgos desde la corte leonesa, en 1204, Berenguela comenzó a tener un papel determinante en el devenir de Castilla. La crisis dinástica que marcó el inicio de su protagonismo ocurrió con la muerte de su padre, Alfonso VIII, en 1214. El trono pasó al hermano menor de Berenguela, Enrique I, que era apenas un niño de once años. Berenguela se convirtió en tutora del pequeño rey y en la regente y gobernadora de Castilla.

Su regencia no fue sencilla. Las intrigas de algunos nobles, como la familia Lara, intentaron arrebatarle el control político. Ello obligó a tomar decisiones complicadas para mantener el trono en manos de su hermano y salvaguardar la estabilidad del reino. Entre ellas, ceder a uno de los hermanos Lara la regencia del reino, aunque con algunas limitaciones.

MUERTE DE ENRIQUE I 

El 6 de junio de 1217, una teja alcanzó al niño rey en la cabeza mientras jugaba con otros chicos. Gravemente herido falleció a los pocos días. Tenía entonces solo trece años. Es el único rey castellano que nunca llegó a gobernar. Enrique I, el de la teja, está enterrado en el Monasterio de las Huelgas. Muy cerca de sus padres y de alguno de sus hermanos. Entre ellos, de Berenguela.

Esta prematura muerte desató una crisis sucesoria: ¿quién heredaba Castilla? Le correspondía el trono a Berenguela, heredera natural al no contar ya con más hermanos varones. Pero ella optó por algo diferente.

EL ASCENSO AL TRONO DE FERNANDO III 

Apenas 26 días después de heredar el trono, Berenguela I renunció al mismo en favor de su hijo, Fernando. No fue simple renuncia. Consolidó así el trono para su hijo y evitó una guerra civil que podía haber dividido al reino. El 2 de julio de 1217 será proclamado rey de Castilla Fernando III, el conocido como El Santo.

Pero tras esta renuncia Berenguela no quedó apartada del gobierno de Castilla. Casi treinta años duró la admirable entente entre madre e hijo. Fernando III será el rey propietario del reino castellano y como tal gobernará con plenos poderes. Pero el consejo prudente y desinteresado de su madre estará presente en todas sus decisiones.

Que se sepa, nunca hubo una disensión entre madre e hijo. De hecho, resulta prácticamente imposible distinguir qué decisiones corresponden a uno o al otro. En el año 1224 Fernando inicia sus expediciones de conquista por Andalucía. Durante estas incursiones, prácticamente anuales, es Berenguela la que queda en Castilla. Casi siempre en Burgos, desde donde gobierna el reino con su sagacidad y prudencia características.

Antes, en 1219, Berenguela había organizado una embajada al Sacro Imperio Romano Germánico para buscar una esposa adecuada para el rey Fernando. Delegó las gestiones en el obispo de Burgos, don Mauricio. Buscaba con este matrimonio consolidar alianzas externas y asegurar el linaje.

BODA REAL EN BURGOS: FERNANDO III Y BEATRIZ DE SUABIA 

Entre las diferentes opciones, se había escogido a Beatriz de Suabia, hija de Felipe de Suabia, rey de Romanos y duque de Suabia, y de Irene Ángelo, princesa bizantina. A su llegada a Castilla, la propia reina Berenguela acude hasta Vitoria al encuentro de Beatriz.

Finalmente, la boda entre Fernando III y Beatriz de Suabia se celebra el 30 de noviembre de 1219 en la Catedral de Burgos, en la románica, no en la actual. Este acontecimiento fue clave en la construcción de una nueva catedral para la Caput Castellae. Apenas dos años más tardes se colocaría la primera piedra de la Catedral de Burgos, la que podemos contemplar hoy. Actuaron como padrinos en este acto el rey Fernando III, su esposa Beatriz y, cómo no, doña Berenguela.

Tras la muerte de Beatriz de Suabia, Berenguela volverá a intervenir en en el segundo matrimonio de Fernando III, «con el fin de que la virtud del rey no se menoscabase con relaciones ilícitas». En esta ocasión, la elegida para la ocasión será Juana de Ponthieu. Con Juana se casará Fernando III en 1237. De nuevo en la Catedral de Burgos y de nuevo con el obispo Mauricio como maestro de ceremonias. Eso sí, esta vez en la capilla mayor de la nueva catedral gótica.

Unos años más tarde, Berenguela volvió a demostrar sus grandes dotes para el gobierno y su enorme capacidad estratégica. Su intervención fue clave en la unión de los reinos de Castilla y León.

UNIÓN DE CASTILLA Y LEÓN

Es quizás la intervención más decisiva de Berenguela. En 1230 fallece su antiguo esposo, el rey Alfonso IX de León. Este había designado como herederas al trono leonés a sus hijas Sancha y Dulce. Eran ambas frutos de otro matrimonio de Alfonso con Teresa de Portugal. Todo ello, en detrimento del hijo varón de Alfonso, Fernando III, como ya sabemos, nacido en su matrimonio con Berenguela.

La reunión y el acuerdo alcanzado en Benavente en 1230 entre las dos reinas, Teresa de Portugal y Berenguela de Castilla, logró una sucesión pacífica. Sancha y Dulce renunciaban al trono leonés a cambio de una sustanciosa cantidad de dinero y otras ventajas.

Gracias a la diplomacia de, una vez más, Berenguela, Fernando III fue reconocido como rey de León sin guerra. Unirá definitivamente ambos reinos bajo una sola corona. En 1241, Berenguela decidió retirarse formalmente del poder político activo y entró como religiosa en el Monasterio de Las Huelgas. En Las Huelgas estaban enterrados sus padres y hermanos. Allí era monja y señora una de sus hermanas, doña Constanza. Y allí vivió hasta su muerte.

LOS ÚLTIMOS AÑOS DE BERENGUELA

Especialmente emotivo resultó el último encuentro entre Berenguela y su hijo Fernando. Tuvo lugar en Pozuelo de don Gil, en la actual Ciudad Real, en la primavera de 1245. Fue la última vez que se vieron madre e hijo.

El 8 de noviembre de 1246 falleció Berenguela I de Castilla en su querido Monasterio de las Huelgas. Dejando tras de sí una bien merecida fama de gobernante siempre prudente y discreta.

Sus restos mortales fueron depositados en Las Huelgas junto a la mayor parte de miembros de su dinastía (padres, hermanos, hija, nietos,...). También junto a su nuera, Beatriz de Suabia (fallecida en 1235), hasta que fue trasladado su cadáver a Sevilla por orden de Alfonso X.

El sepulcro de Berenguela, de piedra, está al lado del de sus padres, Alfonso VIII y Leonor de Inglaterra. Según miramos desde el altar a los pies del templo, a la derecha del sepulcro doble de los reyes. Carece de decoración, como la mayoría de los sepulcros de la iglesia del monasterio. A diferencia del resto, que la perderían con el paso del tiempo y el expolio, el de Berenguela dicen que jamás estuvo decorado. Según señala la tradición, la propia Berenguela manifestó querer ser enterrada junto a sus padres con total discreción y humildad.

Todavía hoy podemos ver, además del sepulcro, parte del ajuar funerario de Berenguela. Destaca uno de sus almohadones, expuesto en el Museo de Las Huelgas, muy cerca del célebre Pendón de las Navas de Tolosa. La almohada es de color rojo. Está decorada con dos mujeres que parecen sostener instrumentos musicales. Alrededor, una inscripción: “No hay más divinidad que Dios”.

EL LEGADO DE BERENGUELA

Los cronistas de la época retratan a Berenguela la Grande como a una mujer virtuosa. Sus dotes para el gobierno y la diplomacia han quedado claras. Sostuvo la Corona de Castilla en uno de sus momentos más delicados, con la regencia de Enrique I. Aseguró el trono a su hijo Fernando III. Promovió alianzas matrimoniales claves. Fue la figura principal en los reinos de Castilla y León.

Pero es que, además, fue protectora de monasterios y supervisó personalmente las obras de las catedrales de Burgos y Toledo. También se preocupó de la literatura, encargando al cronista Lucas de Tuy el Chronicon mundi. Una historia que abarca desde los orígenes del mundo hasta la conquista de Córdoba por Fernando III el Santo en 1236.

Y todo con la ciudad de Burgos y el Monasterio de las Huelgas como escenarios principales de los pasajes más destacados de esta extraordinaria mujer: la reina Berenguela I de Castilla.

Visitas guiadas al Monasterio de las Huelgas

Si quieres saber más de Berenguela de Castilla, te recomendamos visitar con guía el Monasterio de las Huelgas. Contacta aquí con Guías Turísticos Burgos, Guías Oficiales de Turismo.

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