Burgos en el siglo XVI según Navagero
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Una buena fuente de información para conocer los detalles de la cultura y la realidad de España en siglos pasados es la conocida como literatura de viajes. Viajeros llegados a nuestro país, con distintas motivaciones, nos dejaron su particular visión de la cultura y el patrimonio de las sitios visitados. Esto es algo que será cada vez más frecuente a partir del siglo XVII. Sin embargo, ya en el siglo XVI contamos con algún ejemplo. Posiblemente el más conocido de esa época es el Viaje por España de Andrea Navagero. En este relato nos deja curiosas observaciones sobre la vida cotidiana, las costumbres y el desarrollo cultural de los distintos territorios por los que pasó. Entre ellos, la provincia de Burgos. Por lo tanto, nos permite conocer cómo era Burgos en el siglo XVI.
A continuación, te descubrimos cómo era Burgos en el siglo XVI según Andrea Navagero.
BURGOS EN EL SIGLO XVI SEGÚN NAVAGERO
Andrea Navagero (1483-1529) fue un historiador y humanista de origen veciano. Llegó a España como diplomático. Tras ser elegido por la República de Venecia como embajador, vino a gestionar un tratado de paz entre la Señoría Veneciana y la Corte de Carlos V.
En febrero de 1525, las tropas españolas hacen prisionero al rey de Francia, Francisco I, en la Batalla de Pavía. Una vez conseguida su libertad, el monarca francés incumple lo pactado y se enfenta nuevamente al emperador Carlos V. Cuenta Francia con sus aliados de la Liga de Cognac o Clementina. La Liga estaba constituida también por el Papa Clemente VII, Venecia, Inglaterra, Milán y Florencia.

En ese contexto de negociaciones habría que situar la venida a España de distintos embajadores de la Liga. Entre ellos, la de nuestro protagonista, Andrea Navagero.Su paso por España no cumplió apenas los objetivos diplomáticos que motivaron su venida. Eso sí, tuvo como resultado un magnífico relato del viaje. También cinco cartas dirigidas al geógrafo Giambattista Ramusio.
El 11 de julio de 1525, tras desembarcar meses antes en Palamós, Navagero se incorpora en Toledo a la Corte imperial. Finalmente, el 30 de mayo de 1528, sale de España por Fuenterrabía. En ese tiempo recorrió con la Corte parte de nuestro territorio. Nos centraremos aquí en su paso por Burgos. Pero no podemos pasar por alto su encuentro con el poeta Juan Boscán en Granada. Fue Navagero quien le recomendó el uso del verso endecasílabo y las estrofas italianas, siguiendo la moda italiana del Dante y Petrarca. Testigo que recogerían otros poetas, como Garcilaso de la Vega. Es decir, Navagero fue clave en la llegada de nuevos aires renacentistas a nuestra literatura.
Navagero en la ciudad de Burgos
Según cuenta el propio Navagero llegó a Burgos el 17 de octubre de 1524. Hasta allí se trasladó siguiendo los pasos de Carlos V y la Corte imperial desde Valladolid. Cruzaron en ese viaje los ríos Pisuerga, Hodra (Odra) y Arlanzón, y las localidades burgalesas de Villasandino e Esar (Isar). Permanecería en Burgos hasta el 22 de enero del siguiente año, 1528.
De Burgos señala que es una buena ciudad situada en la falda de un monte. Tiene buenas casas, las calles son estrechas. Menciona una calle tan oscura que la llaman Cal Tenebregosa. En ella habitaban los mercaderes de la ciudad. Se corresponde con tramo final de la actual Calle de Fernán González. Es la calle en la que estuvo alojado en Burgos Andrea Navagero. En concreto, en la casa de Juan Ortega de San Román.
Cómo no, también a la climatología burgalesa dedica algunas frases. Hace mucho frío, nieva y hiela muchos días. Después el verano, que es corto, suele ser calurosísimo. Por lo cual se suele decir en Castilla que en Burgos hay diez meses de invierno y dos de infierno.
Monumentos de Burgos
Por supuesto, la monumentalidad de Burgos llamó la atención del diplomático italiano. Describe la Catedral de Burgos como grande y bella, pero oscura y fría. Destaca, de entre sus muchas capillas, la Capilla de los Condestables. Está detrás del altar mayor y es muy rica de adornos.

Del Castillo de Burgos apunta que se tenía antes por muy fuerte, pero ahora la artillería lo ha hecho todo endeble. Bajo el castillo sitúa la hoy desaparecida iglesia de Santa María la Blanca.
En las cercanías de la ciudad habla de muchas iglesias y monasterios. Cita, en primer lugar, el Monasterio de las Huelgas y la Cartuja de Miraflores. El que llaman las Huelgas, que es de monjas muy rico. El edificio es grande y muy adornado. En el otro extremo de la ciudad, hay un convento de Cartujos, llamado de Miraflores, muy bello y bien labrado. Grata impresión le deja el sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal en la propia Cartuja. El sepulcro de dicho rey, que está en el coro, es harto bello. Allí hay también un retrato de la reina Isabel cuando era ya vieja. Se refiere al retrato de Isabel la Católica, obra de Juan de Flandes, que actualmente se encuentra en Madrid. En el museo de la Cartuja de Miraflores se expone hoy una copia del mismo.
No se olvida del Monasterio de San Pedro de Cardeña, donde estaba el cuerpo del Cid Ruy Díaz, el cual dicen que muchos años después de muerto sacó la espada de la vaina. Tampoco de los conventos de la Merced, San Francisco, San Pablo, San Agustín y del Hospital del Rey. Deja un breve apunte sobre un crucifijo muy devoto que va a visitar cada viernes todo Burgos. Se refiere al famoso Cristo de Burgos.
Los burgaleses para Navagero
Describe a los burgaleses como un pueblo muy rico. Se venden muchas mercancías que se llevan de todas partes y los mejores vinos de España. La ciudad está bien poblada y hay toda suerte de artes y oficios. Viven aquí algunos hidalgos y señores que tienen buenos palacios, como el del Condestable y el del Conde de Salinas. Se refiere con el palacio del Condestable a la Casa del Cordón.

Para Navagero, la mayor parte de los vecinos de Burgos son ricos mercaderes. Los define como los hombre más corteses y honrados que he visto en España. El comentario final se lo deja a las mujeres de Burgos. De ellas apunta que son en general hermosas y se visten honestamente.
El 21 de enero de 1528, los embajadores de la Liga solicitan al emperador permiso para regresar a casa. Las negociaciones se perpetuaban y no acababan de llegar a buen término. Carlos V les niega el permiso. Ordena retenerlos y que sean conducidos a Poza de la Sal. Todo a la espera de que los embajadores imperiales volvieran a España.
Un día después, los embajadores de Francia e Inglaterra acuden ante Carlos V para, en nombre de la Liga, declarar la guerra al Imperio. Ese mismo día, los embajadores de Francia, Florencia y Venecia emprendieron el viaje a Poza. Hicieron noche en Villaverde Peñahorada, custodiados por Lope Hurtado de Mendoza y la guardia imperial. Llegaron a la villa salinera el 23 de enero.
Navagero en Poza de la Sal
Describe Poza de la Sal como un lugarejo situado en la sierra entre montes muy ásperos. Pertenecía la localidad a Juan de Rojas, primer Marqués de Poza. No pasó por alto para el visitante la importancia de la explotación de la sal. Hay muchos pozos de agua salada , de la que se saca la sal en varias salinas, cita Navagero. Incluso ofrece detalles de su reparto: la mitad de la que se hace es para los vecinos y la otra mitad para el Señor.

El Marqués de Poza, tiene junto a la cima de un monte un grande y buen palacio. En lo más alto un castillejo fuerte, al cual no se puede subir sino por una senda como una escalera, hecha en la piedra. En ese palacio estuvieron alojados los diplomáticos franceses. Estos estaban más vigilados que el resto. A los otros, entre ellos a Navagero, por la noche no nos ponían guardia y solo se vigilaban las murallas del pueblo.
Alrededores de Poza de la Sal
Además describe cómo eran los alrededores de Poza. Cita los monasterios de Castil de Lences, San Bernardino. También un monasterio de benedictinos muy bello y rico. Se refiere al Monasterio de San Salvador de Oña. Alaba la cantidad y calidad de las truchas de Oña. Menciona las bodegas de los frailes (que es siempre la cosa más notable que suelen tener estos santos padres). Y señala que, en el monasterio, hay varias sepulturas de los antiguos condes que hubo en Castilla antes de que fuese reino.
Finalmente, el 19 de mayo de 1528, se les permite abandonar Poza con destino a sus lugares de origen. Habían estado poco menos de cuatro meses en aquel cómodo y apacible lugar. En su marcha nos deja una última cita a un enigmático lugar. A media legua de Poza, estaban las ruinas de la Ciudad del Milagro. Ciudad que los vecinos de Poza dicen fue arruinada por los moros. Navagero menciona la cañería rota que conducía hasta allí agua desde Poza. También los restos de un templo dedicado a Suttunio y la iglesia de Nuestra Señora la Vieja. Sin duda, se está refiriendo a la ciudad romana de Flavia Augusta.
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